
Siempre sugerente
extendido y absorto
arrastra por el mantel de la llanura
su relámpago helado.
Ha punzado la noche
puntual y precisa
y su aguja gélida
lentamente diluye
el corazón de fuego
que une a los fieles
en heroicas entregas.
Cómplice el tren hoy
Arropa desnudeces malcriadas
Y esbeltas caricaturas de juventud
¿Qué pasa?, si, ¿qué pasa?
¿Que la tengo de colores?
Pues no mires, te jodes y bailas.
Aquí cada cual tiene su mano negra
privada, la sonrisa o la mentira
esa que transforma
inundaciones simétricas
en planos de ladrilllo visto.
Qué inocencia del buey
que aún hoy, manso,
se arrastra, cual locomotora
de alcohol y fuell-oil,
sobre un arroz, que muy pronto
dejará de ser maná
para dar negro sustento
al peor de los padres vietnamitas.