20 de mayo de 2009

LATIDO DE LA UNÁNIME

Unos 44 poemas latieron en el salón del Circulo de Bellas Artes, esta tarde agostada de mayo. Uno detrás de otro, cada poema nos fue abriendo un abanico de sabores, de pensamientos y de emociones; sus ritmos sonoros extendiéndose al auditorio por delante de las personas que los construyeron en un día o varios de imaginación y disciplina.
Tres tertulias anunciadas compartieron sus intenciones de fusión creativa y amistosa, respiraron juntas un espacio donde recargar de sentido el paso del tiempo y ponerle a la rutina el color de la POESÍA.
Los 11 PoeKas que acudimos nos quedamos para el final, inocentemente sentados en las primeras filas. Excusas como la timidez, se escucharon previas a desenfundar el poema; esa inseguridad de presentar nuestro poema en un lugar desconocido, entre tantos poetas que llevan muchos años asistiendo a estas Tertulias emblemáticas, como lo son éstas, con las que tuvimos la fortuna de mezclarnos: la Tertulia "Gerardo Diego" del Café de Oriente, dirigida por Teo Rubio y el Aula de Poesía del propio Círculo de Bellas Artes, en las manos de Alfredo Piquer, nuestro amable anfitrión. Pero el pabellón de PoeKas quedó bien alto. Presentí, desde la posición en la mesa que me adjudicaron, que nuestros poemas eran muy bien digeridos, incluso algunos aplaudidos con una energía que sobresalía.
Un gusanillo interno me desveló algo parecido a un sentimiento de maternidad colectiva, global. La satisfacción de colaborar en una construcción bien conseguida y en grupo.
Los condimentos esenciales para mantener vivo un objetivo: que nos acerque la poesía, que sea el vínculo que nos humanice.