Tres tertulias anunciadas compartieron sus intenciones de fusión creativa y amistosa, respiraron juntas un espacio donde recargar de sentido el paso del tiempo y ponerle a la rutina el color de la POESÍA.
Los 11 PoeKas que acudimos nos quedamos para el final, inocentemente sentados en las primeras filas. Excusas como la timidez, se escucharon previas a desenfundar el poema; esa inseguridad de presentar nuestro poema en un lugar desconocido, entre tantos poetas que llevan muchos años asistiendo a estas Tertulias emblemáticas, como lo son éstas, con las que tuvimos la fortuna de mezclarnos: la Tertulia "Gerardo Diego" del Café de Oriente, dirigida por Teo Rubio y el Aula de Poesía del propio Círculo de Bellas Artes, en las manos de Alfredo Piquer, nuestro amable anfitrión. Un gusanillo interno me desveló algo parecido a un sentimiento de maternidad colectiva, global. La satisfacción de colaborar en una construcción bien conseguida y en grupo.
Los condimentos esenciales para mantener vivo un objetivo: que nos acerque la poesía, que sea el vínculo que nos humanice.
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