15 de diciembre de 2016

El regalo más poético para la Sra. Mary Pepa


Gladys escribe poesía para la señora que cuida desde hace año y medio. Ha conocido a Maribel Alonso en un recital donde ella le habló de las visitas poéticas que el colectivo PoeKas está haciendo a los mayores. La Sra. Mary Pepa casi no puede moverse y sale poco de casa, pero le encantan las visitas. Para ella, Gladys ha tenido el gusto de preparar con Maribel un brillante regalo para su cumpleaños que es el 13 de diciembre. 

Ningún poeka conoce a Mary Pepa y a las 6 de la tarde ahí están en su portal, pensando que poemas le van a recitar. Maribel llega con una rosa blanca que ha decidido cultivar, como José Martí, para dedicársela a la señora, anfitriona sin saberlo todavía.
Les abre la puerta Gladys, muy risueña:
- Pasen, pasen, por favor.
La señora está sentada en su salita de estar con una vecina, a punto de soplar sus velas con el número 80 y se queda callada, con los ojos muy abiertos, lo mismo que su sonrisa, mientras cuatro desconocidos la saludan y se van sentando alrededor de la mesa camilla.
-        Le traemos poemas de regalo – dice Maribel, somos amigos de Gladys que formamos un grupo de poesía y nos gusta regalársela a los mayores.

Pero antes, Mary Pepa nos cuenta que Gladys le ha escrito un poema esta mañana, por ser su día y queremos escucharlo. Con toda la ternura del mundo, ha colocado el poema en un marco donde va a añadir la foto de este momento.  

Maribel también le ha preparado unas palabras poéticas para comenzar el recital:

Paso a paso, Mary Pepa a los 80 has llegado
con emoción y carácter, con alegría y buen ánimo
y hoy venimos a darte la sorpresa de este año.
PoeKas te felicita y te desea buena vida,
salud, un poquito de dinero y sentirte...
  ¡siempre querida!

Después de las palabras de Maribel, Elena, Julián y José María le leen poemas de otros poeKas, de autores clásicos y alguno propio, elegido para la ocasión.


Virginia, su vecina, también se ha animado a recitar un poema y no se cansa de aplaudir, no solo a los poemas, sino a la maravillosa idea que, puesta en práctica, está haciendo tan feliz a esta cumpleañera octogenaria.



Sopla la tarta, pide un deseo y sonríe sin parar. Solo para contar alguna anécdota y recuerdos, muchos recuerdos que le apetece compartir con estos juglares ambulantes por los hogares, por los corazones de aquellas personas que tanto se merecen recibir compañía y cariño. Y es la poesía el mejor vínculo, la perfecta excusa para transmitirles emociones y vitalidad.